Preocupación

Impunidad judicial

El Tribunal Constitucional ha conseguido de tapadillo el privilegio de la irresponsabilidad -LO 6/2007, de 24 de mayo- y puede que pronto veamos proclamada oficialmente la inmunidad de los demás jueces porque como acertadamente dijeraThomas Paine, uno de los más grandes defensores de los derechos humanos, en la pasividad de los pueblos está el origen de todas las tiranías.

Victimas del Poder Judicial

Si respondiesemos con sinceridad a que es lo que más nos importa en la vida todos diríamos que es nuestra dignidad, nuestro bienestar, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro dinero, nuestra libertad, en definitiva todo lo que un juez puede quitarnos de golpe, por error o a sabiendas de la arbitrariedad que comete sin que le pase nada. Y sabiendo con que facilidad las desgracias cambian de víctimas ¿ Nos unimos para acabar con la impunidad judicial o nos preparamos cada uno de nosotros para aceptar la injusticia resignadamente?

¿Igualdad ante la Ley?

La igualdad ante la Ley durante la dictadura consistió -en palabras de Anatole France-, en prohibir a pobres y ricos dormir bajo los puentes, mendigar en las calles o robar pan. En democracia esta igualdad se ha traducido en que los jueces pueden trasladar al proceso, no la Ley, sino su voluntad personal, torturándonos sin discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, nacionalidad, opinión o cualquier otra condición personal o social.¿ Hasta cuando vamos a seguir permitiéndolo ?

Haraquiri

El haraquiri sirve a cuantos consideran que la dignidad está por encima de nuestra vida. No comprender este gesto suicida no justifica que nos vayamos al otro extremo y soportemos infinitos ataques de los poderes públicos-especialmente del Poder Judicial-, a nuestra dignidad sin rebelarnos para no ser dañados. ¿ No es tal vez esta forma de morir en vida mucho más lenta y dolorosa?

Unir nuestras fuerzas

Cuando el último de nosotros llegue a ser masacrado por la injusticia, la corrupción se haya definitivamente instalado en nuestras Instituciones y todos los jueces sean, en palabras de Voltaire, jueces bueyes-tigres, bueyes con el poder y tigres con los ciudadanos ¿no nos daremos cuenta de que si hubiéramos unido nuestras fuerzas esta tragedia no se habría consumado?

Silencios culpables

Los jueces se saben faltos de independencia, pero también de responsabilidad y callan; los profesores universitarios prefieren enseñar como debe ser el derecho y no como es y con ello consideran que cumplen; los abogados viven a diario la arbitrariedad judicial y no se atreven a denunciarla con justificaciones que les deshonran aún más y los ciudadanos, ajenos a este drama humano, hasta que les va tocando a ellos. Entonces se lamentan del terrible abandono en que se encuentran aunque tampoco hacen nada.

Podría justificarse que ninguno de nosotros nos rebelemos por no tener la Justicia que merecemos, pero ¿Es que no queremos a nuestros hijos?

La importancia del Poder Judicial

Cuando hablamos de Poder Judicial deberíamos tener en cuenta que sus componentes no han sido elegidos por votación popular y que su legitimidad se sustenta exclusivamente en el sometimiento al imperio de la Ley, correspondiéndose la potestad de juzgar con el derecho que tenemos los ciudadanos a que el Estado tutele nuestros intereses por medio de los jueces y es imposible que estos lo hagan si actúan extramuros de la legalidad.

Podría decírsenos que para regular estas desviaciones de nuestros jurisdicentes está la responsabilidad, aunque todos sabemos que en la práctica esta no existe porque resulta impensable que compañeros e incluso amigos, se juzguen entre sí con el rigor deseado-a la estadística me remito-.

Y si hablamos de independencia seguimos viendo que al igual que aconteciera en la dictadura, las categorías más elevadas del cuerpo judicial están en manos de los políticos a través de su testaferro que es el Consejo General del Poder Judicial.

El resultado de todo ello es que de esos jueces “independientes, inamovibles, responsables y sometidos al imperio de la Ley” que el art. 117.1 de nuestra Carta Magna exige, solo la inamovilidad no ofrece dudas, que es tanto como decir que o nos ponemos de verdad todos en marcha para arreglar este gravísimo desfase constitucional o sufriremos indefinidamente las consecuencias de no haber dado importancia a lo que significa Poder Judicial en un Estado de Derecho.

¿Donde hay un Juez?

Decía Calamandrei que el buen funcionamiento de la Justicia depende de los hombres y no de las leyes, pero en España nuestros jueces parecen ver en sus funciones poderes y no deberes.Puede que sea esta la razón por la que resulta difícil encontrar a un Juez humilde, paciente, respetuoso con las partes, virtuoso, responsable, independiente, que le duela la injusticia y que dignifique su profesión, en definitiva que posea todo lo que se espera de un Juez.

Estas carencias las conocen mejor que nadie los abogados, criticándolas en privado pero jamás en público porque temen perder sus pleitos, siendo el ejemplo más ilustrativo el de aquel magistrado, que de hablar de una Justicia “genuflexa, lacaya y servil” ha pasado a decir que es “una de las instituciones más limpias y honestas que tenemos”, porque hoy es abogado.Otros llegan aún más lejos, manifestando haber oido de los jueces que quienes les denuncien no ganarán jamás un pleito.

Si esto de verdad es así, si el Poder Judicial español se está dejando llevar por el halago o la ira, absolviendo y condenando a los ciudadanos por amistad u odio a sus defensores, entonces lo que tenemos son jueces ruines, indecorosos, desleales, sin el freno de sus conciencias ni el amor a la Justicia y poniendo precio a su labor, aunque este solo sea la adulación que sabe falsa o el rencor por la crítica que recibe.

El temor nos impide ver la realidad

Si siente algún tipo de temor su mente se negará a aceptar la realidad de lo que está sucediendo con la Justicia, lo que es normal ya que esta fue en sus primeros tiempos un instrumento de represión de los gobernantes y de ahí ese miedo ancestral que le tenemos -justicia sí pero en mi casa no, dice el refranero español-.

Quizás si admite que las víctimas de nuestro sistema judicial, que podemos ser cualquiera de nosotros, no tienen posibilidad de escapar ni tampoco depende de Ud. el evitar que la justicia entre un buen día en su vida, esta sensación de inseguridad le lleve a interesarse por lo que está pasando.Entonces descubrirá:

  1. Que hay jueces deshonestos que se aprovechan de su impunidad para llevar a cabo acciones que a ningún otro ciudadano le están hoy permitidas.
  2. Que quienes sufrieron en sus carnes la injusticia, lejos de sentirse solidarios con los demás que la padecen quieren olvidar la tragedia vivida.
  3. Y que todos los que no experimentaron aún el dolor de ser arbitrariamente perseguidos, se niegan a considerar culpables a nuestros jueces ¿ Cómo va un simple individuo a contrarrestar la credibilidad que les da su cargo?

Tal vez aceptando sin temor que hay otra versión, haga surgir en Ud. la duda y las preguntas que se formule le lleven a descubrir la verdad. ¿ Y porqué habría de desestabilizar su cómoda existencia? La razón de ello puede que esté en que en democracia la persona es el prius-lo primero-, la Justicia,el posterius.

Esa gran mentira de Estado

En la revista nº 4 de la Colección sobre Derechos Fundamentales se habla de dignidad y del respeto y consideración que nos deben los componentes del Poder Judicial, verdadera utopía en un país que es como dijera el insigne jurista Gascón y Marín una gran corrida de toros, donde los gobernantes y jueces son los diestros, los funcionarios las cuadrillas, haciendo los ciudadanos de toro de lidia y siendo nuestra aspiración de Justicia el trapo rojo con que nos engañan.

De nada sirve la pomposa declaración de principios que recoge la Carta de Derechos de los Ciudadanos ante la Justicia, figurando entre sus prioridades la transparencia, el trato respetuoso, la puntualidad máxima en las actuaciones judiciales y un sinfin de cosas más que no se corresponden con la realidad. Eso sí, pueden presentarse cuantas quejas y reclamaciones se consideren oportunas, que servirán para que más de uno se ría de la desesperación que debió sentir quien las escribiera.

Creo recordar que esa Carta de Derechos fue aprobada por unanimidad de todos los Grupos Parlamentarios, lo que pone en evidencia esa gran mentira de Estado que consiste en hacernos creer que la Justicia es igual para todos, independiente y responsable, algo que está muy lejos de las pretensiones de nuestros políticos que no quieren poner fin a sus privilegios. Por eso se entretienen redactando y aprobando cuantas proposiciones se les ocurren para mejorar la Justicia que tenemos los demás, con el fin de contentar a los ilusos.

El injustificable e incontrolado abuso de poder de nuestros jueces

De un régimen dictatorial en el que no se respetaron nuestros derechos fundamentales pasamos a un Estado de Derecho en el que tal respeto era su máxima razón de ser, pero lo hicimos con los mismos jueces y así no podía salir bien. La esencia de todo sistema democrático es el control y la responsabilidad de los gobernantes, pero como premio a la misma conducta permisiva de antaño con quienes detentan el poder, se suprimió también como ayer la responsabilidad judicial y así nos va a los ciudadanos de este país.

En retroceso la Filosofía, la función de crítica social que esta desempeñaba va desapareciendo con ella y pese a que todos conocemos el injustificable e incontrolado abuso de poder de nuestros jueces, pocos son los que protestan porque después de 40 años de opresión y más de 20 de un pseudo Estado de Derecho, nadie se ha preocupado de advertirnos que las democracias empiezan a morir cuando la indignación deja paso a la resignación, que es donde nos encontramos ahora.

Hace años llamé a las puertas de las Instituciones Europeas poniéndoles de manifiesto lo que ellos ya sabían -la Justicia que tenemos en España-, y al comunicarme que no pensaban hacer nada porque nos corresponde a nosotros arreglar tan grave problema, empecé a preocuparme ya que para intentarlo no deben existir temores que nos obliguen a callar. Hay que sentir por supuesto temor, no por las represalias de los poderosos, ofendidos por lo que hemos de decir o hacer -esto es un problema del agresor -, sino para evitar daños nunca deseados. Pero cuando se trata del Leviatán, tenemos que arriesgar todo lo que haga falta si queremos dejar un país decente para los que vienen detrás.

Estado de Derecho versus Justicia dependiente e irresponsable

Son muchas las personas que no se dieron cuenta aún de que es la Justicia la única que puede lograr el Estado de Derecho que no tenemos en España, porque si antaño su función se limitaba a resolver juicios y a imponer penas, tras la Constitución, además de tutelar nuestros derechos fundamentales, fiscaliza todos los actos de la Administración y puede anular, si son inconstitucionales, las leyes que elabore el Legislativo. Lo que sucede es que para ello el Poder Judicial ha de ser independiente y responsable, meta todavía inimaginable.

Señalo que no vivimos en un Estado de Derecho porque el principio máximo que ha de imperar en él es que nada es incontrolable ni nadie irresponsable, existiendo aún parcelas inmunes al control judicial y perviviendo entre nosotros esos teóricos moralizantes que nos hablan de respetar la legalidad que ellos incumplen o nos piden que creamos en la Justicia mientras la manipulan sin cesar, conocedores de que padecimos la Inquisición hasta que vinieron de fuera a suprimirla -Napoleón en 1808- o soportamos la dictadura todo el tiempo que vivió el dictador.

Y mantengo que es imposible pensar en unos jueces dignos que nos garanticen tal objetivo porque parece que son más los que buscan trepar en su carrera que impartir Justicia -para lo cual han de estar al servicio de los que han de controlar-, lo que anula completamente su poder. En Los Angeles se dictó aquella sentencia que absolvió injustamente a los policías que agredieron a unos hombres de color y la ciudad se vio envuelta en un absoluto caos hasta que se repitió el juicio y los condenaron. Eso es la lucha de un pueblo por su Justicia o la pugna Estado de Derecho versus justicia dependiente e irresponsable. Aquí deberíamos tomar ejemplo y sin violencia por supuesto, agruparnos cuantos lejos de resignarnos mantenemos la ilusión de conseguir esa Justicia que haga posible en nuestro país la instauración del Estado de Derecho.

La independencia judicial la excepción, su dependencia la regla

La Inquisición creó un clima tal de terror que ha llegado hasta nuestros días -estate quieto, no hagas nada que va a ser peor, lo mejor es que lo dejes…-, con el innegable beneficio que ello supone para los poderosos, que siguen atentando contra todo y contra todos sin que nadie ose hacerles frente. Así mismo el proceso inquisitivo introdujo unas prácticas que aún persisten a pesar de ser contrarias a los derechos humanos -arresto del denunciado, confesión bajo tortura (hoy más refinada), prolongado secreto de las actuaciones o el sambenito, para que la falta, cometida o no, te marque de por vida-, defendiendo también a ultranza el Tribunal de la Inquisición el buen nombre de sus jueces e impidiendo que prosperasen las denuncias que contra los mismos se interponían, de forma idéntica a lo que actualmente acontece.

La gravedad que reviste tal situación se ve notablemente ampliada al pervivir todavía entre nosotros las diferencias sociales. Por arriba, la nobleza y el régimen señorial, con sus inmunidades, privilegios, fueros, encomendaciones, cartas de linaje, concesiones feudales, patronazgos, vasallajes…Y por abajo los esclavos, siervos, villanos, plebeyos, súbditos o ciudadanos -polémicos si protestamos-,cargados de obligaciones pero sin ningún derecho y desahuciados de la justicia, en resumen, los grandes perdedores de la dictadura y de la democracia.

Permitir que todo siga igual perpetua el cinismo de los intocables -el Consejo General del Poder Judicial instándonos a usar el sistema en nuestras discrepancias o el Tribunal Supremo aseverando que no se persigue a quienes fundadamente denuncian a los jueces-,así como las recomendaciones, intrigas de pasillo y lo que haga falta para continuar ganando sus juicios. Por eso cuando ocasionalmente irrumpe en escena un Tribunal imparcial y priva de la razón a influyentes que no la tienen pero que estaban seguros de que la Sentencia se la iba a dar, se produce una gran perturbación porque deja al descubierto la podredumbre de las Instituciones al mostrar que son los Jueces, Fiscales o representantes de Colegios de Abogados los infractores de la legalidad, aunque origina también una esperanzadora ráfaga de aire fresco que limpia parte de la contaminación que injustamente soportamos.

El camino a recorrer es aún largo y no exento de riesgos -no van obviamente los grandes a renunciar fácilmente a sus privilegios-, pero aunque la independencia judicial sea todavía la excepción y su dependencia la regla, esa Sentencia de unos jueces que ni siquiera conocen al minúsculo litigante que se enfrentó al Leviatán, poniendo las cosas en su sitio pese a los problemas que van a tener con compañeros y poderosos, que habrán de rendir ahora cuentas de su arbitrario proceder, invita a seguir reivindicando la Justicia que merecemos tener en un Estado de Derecho.

Llevamos mucho tiempo esperando que la justicia llegue a la Justicia

La Justicia se representa como sabemos con una balanza, una espada y los ojos vendados. En cualquier otro país la balanza equilibrada puede significar que los litigantes reciben la misma medida, la espada muestra que quien incumple la Ley será castigado y la venda confirma que el juez no conoce a la persona sino sus argumentos, pero en España esto no es así porque esa venda es el simbolo más evidente de la ceguera que impide a nuestros jurisdicentes hacer buen uso de la balanza y la espada -esto se lo oí decir a Gregorio Peces-Barba- y por eso unos justiciables consiguen más que otros y el castigo se reparte de forma tan desigual.

Sin embargo hay algo que no responde a la ley de la probabilidad y es que siempre reciben más y son menos castigados los poderosos, lo que evidencia que nuestros jueces ven a través de la venda y que no puede hablarse de imparcialidad porque el resultado del juicio está sentenciado antes de que este comience y por supuesto a favor del influyente o amigo del juez, sin que valgan para nada -no sé si nos damos cuenta de lo terrible que esto es-, los esfuerzos argumentales que durante años realice la otra parte porque no es la razón sino la ignominia la que se instaló en ese proceso.

Lo preocupante es que todo esto se sabe y hasta se habla sin pudor del beneficio que pudo reportarle a esos jueces su prevaricadora conducta, como también de las listas negras que existen en cada Tribunal para perseguir a quienes se atreven a denunciar tan grave corrupción institucional, lo que quiere decir que aceptamos que nuestros árbitros tengan los ojos bien abiertos a la hora de dirimir la contienda judicial y que son nulas las posibilidades de ganar sin corromperlos. Pobres jueces honestos y triste desgracia para aquellos que no pueden o no quieren apartarse de la ética ni de la legalidad y siguen esperando que la justicia llegue a la Justicia.

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